miércoles, 10 de septiembre de 2014

J

El amor es un sentimiento bello y puro. Amar a alguien es desinteresado aunque muchas veces nos han enseñado que debe ser recíproco. Como en los cuentos de hadas, ¿qué es lo que espero? Tener a mi lado al príncipe que me permita recostarme en su pecho, y que al abrazarme llene con su perfume mis sentidos. Tenerte a ti, a quien amo locamente, siempre a mi lado. Caminar juntos hasta el altar hasta que la muerte nos separe. Cocinarte cuando llegues cansado del trabajo, y ponerme lencería roja para los días en que estés desesperado de esta maldita vida. Que cuando nada parezca tener sentido y todo se torne oscuro, te recuestes en mis piernas para que te diga que todo estará bien, y que creas que va a estarlo solamente por ser yo quien te lo dice. Quizás tú puedas hacer lo mismo por mí. Podríamos ir por la calle tomados de la mano; tomar el mismo camino de regreso y que pases cada tarde en mi casa, debajo de mí, besándome, acariciándome, devorando todo de mí. Poder decirte que eres mi vida y que tú me contestes que soy la tuya. Llenarte de cumplidos para que te sientas halagado, y que sólo por eso me des un beso. Que me abraces muy fuerte cuando sólo necesite llorar. Que riamos juntos cuando uno de los dos tropiece. Que podamos comer pizza, helado, palomitas y miremos películas toda la noche; beber una cerveza y una lata de vino, y al día siguiente que yo tenga una resaca insoportable mientras tú te encuentras fresco como una lechuga. Que juegues plantas contra zombies mientras yo acaricio tu barba. Recostarme en tu pecho durante horas sin hacer absolutamente nada y aún así las horas pasarán raudas para que al darnos cuenta, ya sea hora de que te vayas y yo intente convencerte de que te quedes aunque sepa que tienes que marcharte, aunque te vaya a ver al día siguiente. Y conseguirlo más de una vez. Que me cuentes tus problemas sin importar que no pueda hacer nada para resolverlos, que lo hagas por el simple hecho de que sabrás que te reconfortaré aunque sea con un estúpido e inútil beso sincero. Que te lance una almohada cuando estés roncando porque no me dejas dormir. Amanecer desvelados porque tú roncas y yo te despierto para que ¡dejes de hacerlo!, y de todas formas darnos un dulce "buenos días, mi amor". Saber que aunque tengamos una pelea volveremos a hacer el amor una y otra vez. Saber que el perdón es eterno entre los dos. Estar segura de que serás eterno en mi vida y yo en la tuya, porque tú me necesitas y lo soy todo para ti. O tal vez es al revés. Recordar cada mañana cuánto es mi amor por ti y notar que ha crecido un poco desde la última hora, porque eres inteligente, porque eres varonil, porque eres centrado, porque eres talentoso, porque eres muy dulce, porque eres músico, porque eres tauro, porque eres amable, porque eres divertido, porque eres maduro, porque eres mayor que yo, porque eres paciente, porque eres testarudo, porque eres tenaz, porque tu nombre empieza con J, porque tiene doble A, porque eres un lindo niño y porque eres perfecto para mí. Y saber que tú lo sabes y que por eso me amas de la misma forma en que yo a ti.
Tal vez seas sólo un espejismo. Tal vez te enamores de alguien más porque yo no soy lo que buscabas. Tal vez tenga que vivir sabiendo que un día te canses. Tal vez así sea.

Muelas del Juicio

Desde hace un tiempo me siento más frustrada que nunca. Estoy tan estresada que me mareo, me dan taquicardias, me tiemblan las manos y tengo jaqueca. Todo este catálogo de síntomas sugestivos me hace sentir que mi espíritu ya no es tan fuerte como antes y el reflejo es el que mi cuerpo está desfalleciendo. Todo me cansa y todo me enloquece. Intento mantenerme serena pero tan sólo siento cómo mis emociones son las que me controlan a mi, y las ganas de acabar con todo se han hecho presentes en mi vida una vez más.
Estoy intentando buscar actividades que mantengan ocupada mi mente, y últimamente sólo escribo, escribo, escribo, porque además ya no sé a quién contarle cómo me siento, y además ni siquiera cómo carajos explicarlo. ¿Cómo vas y le dices a alguien, 'sí, me va de la mierda, sé que debo seguir adelante pero no tengo un pinche ánimo apenas para levantarme de la cama y abrir las cortinas'?. Años con cantidad de psicólogos y dos psiquiatras, antidepresivos, una experiencia mística espiritual, y de lo único que me estoy dando cuenta es de que probablemente mi vida sea así por el resto de ella. ¿Te imaginas? Tener que luchar con esta insoportable depresión, y de manera sobria además de todo. Hay días en que estoy tan contenta que siento que puedo comerme al mundo entero con mi belleza y entusiasmo, pero la mayoría no me quiero ni mirar al espejo; rezo cada noche y cada mañana para aprender a controlar este estado anímico. Y he de jactarme que, luego de llorar por las más estúpidas trivialidades y perdirle a Dios que pase la tormenta, algunas veces logro serenarme. Pero residen los temblores, la fiebre, la taquicardia, la respiración cortada al exhalar. ¿Lo has sentido alguna vez?
A veces pienso que quisiera poder hablar con alguien que no me reprochase las lágrimas como grifo de agua, las maldiciones, el injustificado dolor y mis exageradas vulnerabilidades. Me siento tan sola. En estos días tan insípidos y grises sólo me queda hablar con Dios, como bajo un paragüas de colores. Pero qué va, saber todo esto es mirar frente a mi el todavía inmenso trecho que me falta recorrer hasta llegar a mi recuperación, la cual, tal vez, nunca sea total.
Pero bueno, para este lienzo tan vacío, tengo mis acuarelas.
La próxima semana me van a sacar las muelas del juicio. Y tú sabes, eso no contribuye a mi ya de por sí paupérrimo estado mental, sobre todo por el tema de la anestesia... Cuatro inyecciones de un putazo. Me duele el estómago sólo de pensar en ello. Pero en fin, creo que al menos tendré un buen pretexto para quedarme en casa sin hacer nada por siete días, tal cómo quería, ¿verdad? Aunque tenga mucho pinche miedo. Sólo espero que pase pronto.

The World is ahead.

"El mundo está allá afuera" le decía Gandalf a Bilbo.
Como un pequeño Hobbit en un mundo donde los panecillos y el té son reemplazados por espadas y hachas, me encuentro a punto de emprender el viaje de vuelta a una ciudad que a veces es tan gris que los colores pastel con los que mi alma se pinta no son capaces de contrastar. Extraño mi casa. Extraño los canteras rosadas y los empedrados coloniales de Jalatlaco. Echo de menos las calles de colorida viveza y el zócalo aglomerado por los turistas asombrados de la catedral, de los danzantes de la pluma rayados en los muros, de la gente morena y descalza que aún uno se encuentra caminando por ahí. Extraño este hermoso pueblo grandote que pretenciosamente se hace llamar "Ciudad" cuando de ciudad no tiene más que el título. Extraño el olor a huarachitos de cuero que hay en el 20 de noviembre. Extraño mi casa.
Allá en el llano donde te encuentras a todo el mundo, anhelo las mañanas recorriendo las calles al volver a casa. Extraño los jalones de cabello de mamá y la barba medio rasurada de papá. Dormir con el pequeño y abrazar al mediano.

¿Cuándo llega el día en que uno entiende que se es adulto? ¿Hay que marcar alguna fecha en el calendario o lo toma a uno por sorpresa? ¿Al menos podría alguien decirme un día al azar, para que al menos me vista y maquille como una adulta para recibir la maldita "madurez"? a ver si con eso me es suficiente para asimilar que ya tengo 20 años y no 10. Se madura raudo en soledad, pero se vuelve una tarea más ardua. Escuece el corazón cuando te das cuenta de que hay que asimilar que el ¿Cuándo vienes? es el ahora, y el ¿cuándo te vas? es el mañana. Me punzan esas calles solitarias al caminar como diez mil afilados cuchillos en cada paso que doy, pero a cambio dejo plantada una flor de esperanza pintada de colores en cada huella. Es duro ser la forastera en un enorme Norte-Sur-Este-Oeste. Extraño mi casa. Y es por eso que vuelvo a partir lejos de ella. Para tener algo nuevo que contar al regresar. Para anhelarla en cada visita. Para saborear el tejate como agua en el desierto y disfrutar de las tlayudas como manjares de los dioses.
Y al encarar este mundo lúgubre e insípido, yo he de hacerlo con los trocitos de todos aquellos que guardé en lo más profundo de mi alma. ¿Convertirse en adulto debería estar plasmado de tanta melancolía? Para mí lo está.
Así que tomaré mi pincel de bambú y pintaré el nombre de Dios en cada pared de Puebla por la que transite, pensando en mi familia y en mi Oaxaca. Y me convertiré en esta orgullosa pueblerina que cumplió el sueño de iluminar una lánguida estrella pintada en un cielo de incertidumbre.

La lengua de la mariposa.


Me siento sobre la luna contemplando mi alma morir lo mismo que las olas.
Lamen mis mejillas lágrimas de rocío que regaron los jardines de la incertidumbre y el despecho.
Juré cerrar para siempre las ventanas pero las abro a escondidas para exhalar la humedad de mis pulmones.
Y mientras más fuertes son mis gritos,
estoy segura de que tú jamás llegarás a escucharlos a través del nacar que crece en las paredes de tu habitación.

En el salón revolotean mariposas monarca,
me pregunto ¿qué sucederá cuando las hadas se quiebren una a una como la que colgaba sus piernas al aire desde el balcón?
Intentando evitar que el gato suba a lo alto del escritorio para no devorarlas,
me siento sobre la luna mientras  estiro una mano intentando en vano evitar que mis sueños se caigan del manzanal.

Recorto fotos insensatas para mi collage de inmaduro romanticismo,
de las cuales los modelos me preguntan ¿no eres demasiado mayor para estas cosas?
También para entregar cartas en forma de corazón, les respondí.
Las plumas de colores escucharon y el ego les pinchó de tal manera
que cuando intenté volver a escribir con ellas, las letras se habían ido a vivir entre relatos de desamor e ilusiones sin cumplir.

¿Si hubiese sido yo la sirenita habría asesinado al príncipe por su traición?
La lengua de la mariposa no visita mi botón de rosa desde hace 5 meses,
¿se habrá mudado a un tulipán, a un girasol o a una rosa más pomposa tal vez?
Sentada sobre la luna lloro ácido para que vengan las estrellas y me besen en la boca.

Forastero: La ciudad ensimismada

De tierras lejanas de las cuales sólo algunos sabios ancianos tenían conocimiento, procedía un solitario forastero que recorría los caminos de la tierra sin rumbo fijo. Era un hombre misterioso de fachada inquebrantable. Cargaba un instrumento musical con el cual ejecutaba hermosas melodías, llevando así sonrisas a todo lugar al que iba.

En una de sus aventuras, el viento lo llevó hasta una ciudad perdida en las penumbras, y guiado por la curiosidad de conocer lo que en aquel glacial lugar ocurría, se adentró en sus calles, empedradas de grises pavimentos y las lúgubres expresiones de sus aldeanos. Nadie parecía prestarle atención al extranjero. 
El joven sentía unos intensos deseos por conocer la razón del taciturno ambiente que allí se respiraba, y miraba en todas direcciones buscando algo que justificara la densa nostalgia que envolvía todo lo que la ciudad yacía. Inexplicablemente, de un momento a otro, el cielo unos minutos atrás nublado se despejó, y un sol increíblemente radiante apareció de la nada, a la par que los aldeanos cambiaron sus melancólicos rostros por brillantes y contagiosas sonrisas. Inmediatamente, todos estaban tan animados que iniciaron diversas actividades y ahora parecía una ciudad completamente distinta. El forastero no podía entender el repentino cambio. Siguió caminando hasta encontrarse a la entrada de un poderoso castillo, y se detuvo unos segundos a admirarlo. La construcción producía una sensación de fortaleza y a la vez fragilidad; sus ventanales estaban formados por vitrales de colores tan vivos que la retina no podía transformarlos todos en los nombres conocidos por el hombre. El joven, que admiraba detenidamente cada detalle, se percató de que los coloridos vitrales comenzaron a volverse lúgubres y la luz del sol cambió a una sombra tenebrosa. Miró al cielo y se dio cuenta de que las nubes oscuras habían vuelto, así como la pesadumbre en la expresión de las personas. Algo raro estaba pasando en esa ciudad, y tenía que averiguarlo.