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miércoles, 10 de septiembre de 2014
La lengua de la mariposa.
Me siento sobre la luna contemplando mi alma morir lo mismo que las olas.
Lamen mis mejillas lágrimas de rocío que regaron los jardines de la incertidumbre y el despecho.
Juré cerrar para siempre las ventanas pero las abro a escondidas para exhalar la humedad de mis pulmones.
Y mientras más fuertes son mis gritos,
estoy segura de que tú jamás llegarás a escucharlos a través del nacar que crece en las paredes de tu habitación.
En el salón revolotean mariposas monarca,
me pregunto ¿qué sucederá cuando las hadas se quiebren una a una como la que colgaba sus piernas al aire desde el balcón?
Intentando evitar que el gato suba a lo alto del escritorio para no devorarlas,
me siento sobre la luna mientras estiro una mano intentando en vano evitar que mis sueños se caigan del manzanal.
Recorto fotos insensatas para mi collage de inmaduro romanticismo,
de las cuales los modelos me preguntan ¿no eres demasiado mayor para estas cosas?
También para entregar cartas en forma de corazón, les respondí.
Las plumas de colores escucharon y el ego les pinchó de tal manera
que cuando intenté volver a escribir con ellas, las letras se habían ido a vivir entre relatos de desamor e ilusiones sin cumplir.
¿Si hubiese sido yo la sirenita habría asesinado al príncipe por su traición?
La lengua de la mariposa no visita mi botón de rosa desde hace 5 meses,
¿se habrá mudado a un tulipán, a un girasol o a una rosa más pomposa tal vez?
Sentada sobre la luna lloro ácido para que vengan las estrellas y me besen en la boca.
lunes, 15 de julio de 2013
Día 9
Esta tarde mientras observaba por casualidad mi sombra, me di cuenta que ésta se dibujaba suavemente en la pared, como con cierta sensualidad en su delineado contorno. Así que se me ocurrió tomar una foto... y comencé a notar un montón de detalles. La pared no era totalmente lisa, estaba rayada de líneas estúpidas a forma de alas (cuando lo hice, me di cuenta que lo mío nunca sería el graffiti); había un montón de objetos al rededor que daban un verdadero mal aspecto al cuadro, la luz no era adecuada, y cosas así.
Debo admitir que no soy la mejor fotógrafa. Sólo volví a mi habitación, a ver qué otra tontería se me ocurriría hacer.
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